Tienda de Libros y Editorial

Breve historia de La Luna y el Gato

Conocé la historia de La Luna y el Gato: Tienda de Libros, Revista Cultural, y ahora también Editoral, la primera editorial de la ciudad de Chajarí. Soñada por sus dueños a compartir la literatura regional, a contra corriente del mercado, fue creciendo hasta asentarse en el corazón de sus clientes. Aquí un pequeño repaso por su historia.

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La Luna y el Gato es una tienda de libros y ahora también una editorial de la ciudad de Chajarí.

Si bien en el presente cuenta con un local, nació siendo una librería ambulante, en el año 2013, en la ciudad de Rosario. Sus dueños, Natanael y Patricia, tuvieron esta idea mientras se encontraban de viaje por Sudamérica durante el 2011 y 2012. Al principio vendían libros a través de Internet. Luego decidieron mudarse a Chajarí, ciudad natal de Patricia, y siguieron vendiendo libros pero esta vez en las plazoletas de las vías del tren, en el parque tambor de Tacuarí y también a domicilio, organizando lecturas grupales o encuentros de mates y libros entre pequeños grupos de invitados.

Al año, de estar en Chajarí, ya en el 2014, alquilaron un local y abrieron sus puertas en la Av. 9 de Julio, entre calles Mitre y Moreno.

Una de las características de la nueva librería fue su fuerte compromiso social, apostando e incentivando a una juventud más lectora, con el fin de forjar una cultura libre dentro de una sociedad más tolerante consigo misma. Para lograr ese objetivo entendieron que si bien contaban con un local, no debían abandonar la calle, y siguieron organizando lecturas al aire libre con niños de diferentes escuelas, aún de Villa del Rosario, un programa de libros gratuitos llamado Libros al Paso, en el que la gente puede llevarse libros usados sin pagarlos, y muchos otros eventos literarios y culturales.

Otra muestra de su compromiso fue la creación de una Revista Cultural online, que puede hallarse en su página de internet: www.lalunayelgato.com.ar

Este año, en septiembre del 2016, fundaron la primera Editorial de la ciudad de Chajarí, llamada también con el mismo nombre: Editorial La Luna y el Gato.

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Primer libro editado bajo el sello editorial de La Luna y el Gato

El primer libro que editamos fue una antología perteneciente al taller literario de Teresa Guignard.

La apertura de esta primera editorial chajariense es un hito, podríamos decir histórico, al menos en lo que refiere a la cultura, en varios sentidos.

Primero porque denota el crecimiento pujante de Chajarí, no solo a nivel económico sino también a nivel cultural.
Segundo porque a partir de ahora los autores de la ciudad y de toda la región tienen una nueva opción, más cercana que las capitales para poder editar e imprimir sus obras.

La propuesta de La Luna y el Gato no solo es novedosa sino también bastante amplia. Se ofrece desde la correción hasta el diseño y la maquitación de las obras, además de la impresión de cuantos ejemplares sean necesarios.

Natanael Arrejín, Editor de La Luna y el Gato, tiene cerca de 10 años de experiencia en el rubro. Trabajó para editoriales y empresas dedicadas a la publicación y maquetación de libros a escala mundial. Las empresas gráficas y digitales para las cuales trabajó tenían clientes de marcas globales como Apple Macintosh (editó algunos de sus manuales técnicos y de usuario), algunas cadenas de hoteles internacionales como Fairmont, y muchos clientes no tan conocidos pero con base en Dubai, Japón y casi todo Europa.

La misión de La Luna y el Gato es promover los valores literarios y culturales del nordeste argentino y de otras regiones del país.

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Breve historia de La Luna y el Gato

Conocé la historia de La Luna y el Gato: Tienda de Libros, Revista Cultural, y ahora también Editoral, la primera editorial de la ciudad de Chajarí. Soñada por sus dueños a compartir la literatura regional, a contra corriente del mercado, fue creciendo hasta asentarse en el corazón de sus clientes. Aquí un pequeño repaso por su historia.

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La Luna y el Gato es una tienda de libros y ahora también una editorial de la ciudad de Chajarí.

Si bien en el presente cuenta con un local, nació siendo una librería ambulante, en el año 2013, en la ciudad de Rosario. Sus dueños, Natanael y Patricia, tuvieron esta idea mientras se encontraban de viaje por Sudamérica durante el 2011 y 2012. Al principio vendían libros a través de Internet. Luego decidieron mudarse a Chajarí, ciudad natal de Patricia, y siguieron vendiendo libros pero esta vez en las plazoletas de las vías del tren, en el parque tambor de Tacuarí y también a domicilio, organizando lecturas grupales o encuentros de mates y libros entre pequeños grupos de invitados.

Al año, de estar en Chajarí, ya en el 2014, alquilaron un local y abrieron sus puertas en la Av. 9 de Julio, entre calles Mitre y Moreno.

Una de las características de la nueva librería fue su fuerte compromiso social, apostando e incentivando a una juventud más lectora, con el fin de forjar una cultura libre dentro de una sociedad más tolerante consigo misma. Para lograr ese objetivo entendieron que si bien contaban con un local, no debían abandonar la calle, y siguieron organizando lecturas al aire libre con niños de diferentes escuelas, aún de Villa del Rosario, un programa de libros gratuitos llamado Libros al Paso, en el que la gente puede llevarse libros usados sin pagarlos, y muchos otros eventos literarios y culturales.

Otra muestra de su compromiso fue la creación de una Revista Cultural online, que puede hallarse en su página de internet: www.lalunayelgato.com.ar

Este año, en septiembre del 2016, fundaron la primera Editorial de la ciudad de Chajarí, llamada también con el mismo nombre: Editorial La Luna y el Gato.

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Primer libro editado bajo el sello editorial de La Luna y el Gato

El primer libro que editamos fue una antología perteneciente al taller literario de Teresa Guignard.

La apertura de esta primera editorial chajariense es un hito, podríamos decir histórico, al menos en lo que refiere a la cultura, en varios sentidos.

Primero porque denota el crecimiento pujante de Chajarí, no solo a nivel económico sino también a nivel cultural.
Segundo porque a partir de ahora los autores de la ciudad y de toda la región tienen una nueva opción, más cercana que las capitales para poder editar e imprimir sus obras.

La propuesta de La Luna y el Gato no solo es novedosa sino también bastante amplia. Se ofrece desde la correción hasta el diseño y la maquitación de las obras, además de la impresión de cuantos ejemplares sean necesarios.

Natanael Arrejín, Editor de La Luna y el Gato, tiene cerca de 10 años de experiencia en el rubro. Trabajó para editoriales y empresas dedicadas a la publicación y maquetación de libros a escala mundial. Las empresas gráficas y digitales para las cuales trabajó tenían clientes de marcas globales como Apple Macintosh (editó algunos de sus manuales técnicos y de usuario), algunas cadenas de hoteles internacionales como Fairmont, y muchos clientes no tan conocidos pero con base en Dubai, Japón y casi todo Europa.

La misión de La Luna y el Gato es promover los valores literarios y culturales del nordeste argentino y de otras regiones del país.

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Para salvar la Tienda de Libros

Poblado de libros por

En Chajarí, funciona desde el 2013 La Luna y el Gato, Tienda de Libros, la cual necesita vender 500 ejemplares para evitar el cierre. Desde un principio albergó a los autores locales y regionales.

  • CUENTA REGRESIVA.

Concebida desde su nacimiento, en 2013, como la casa de los autores locales, La Luna y el Gato, Tienda de Libros –que funciona en la Av. 9 de Julio 3155, Planta Alta – siempre se diferenció por darles espacio a libros chajarienses y a autores de la región, junto a títulos y ediciones que no suelen conseguirse en las grandes cadenas.

Sin embargo, en el último año su existencia fue tambaleante, con posibilidades concretas de cierre ante la fuerte competencia de los reductos con mayor poderío económico.
Por eso, en las últimas horas se lanzó una campaña: un pedido de ayuda a la comunidad para poder seguir funcionando, nada menos.

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Primer libro editado por La Luna y el Gato, la primera editorial de Chajarí. La edición del libro fue donada por el editor para el taller literario y su impresión fue financiada por la Secretaría de Cultura. Sin embargo la editorial no fue mencionada, a pesar de que la apertura de la primera editorial chajariense sea un hito en la cultura de la ciudad.

“No solamente vendemos libros, también tenemos una Editorial, que es ni más ni menos la primera Editorial chajariense, a muy buenos precios”, explica su propietario, Natanael Arrejín, en un pedido que se hizo extensivo a través de las redes sociales. “Hasta el momento hemos editado un solo libro, financiado por la Secretaría de Cultura de Chajarí, y presentado el jueves de la semana pasada en el auditorio del Centro Cultural “Héctor Pito Pintos”. El libro, titulado “Té con verso” se trata de la antología del taller literario de Teresa Guignard, el cual fue editado ad honorem, es decir, sin cobrar un sólo centavo. La Dirección de Cultura se encargó de financiar la impresión, pero sólo eso. Sin embargo no nos mencionaron durante la presentación. Ni tampoco durante la campaña del libro, adjudicándose ellos mismos la edición del libro. Creemos que fue un desliz. Pero por eso recurrimos a la comunidad.”

Por todo esto, Natanael Arrejín, editor, escritor y dueño de La Luna y el Gato, calculó que la librería necesita vender 500 ejemplares en los próximos días, para poder salvar a la tienda “ante su cierre inminente”. Por eso, “esperamos a todos nuestros clientes, amigos, y mucha gente por conocer a este pequeño reducto que no quiere cerrar las puertas que con mucho esfuerzo y sacrificio pusieron al servicio de la gente, hasta ahora”.
Y agrega: “Con la ayuda y el esfuerzo de muchos tal vez podamos salvar esta pequeña librería”. Los precios de los libros están rebajados en hasta un 25%.

Desde un principio, La Luna y el Gato asumió una postura distinta, amigada a la lectura placentera y diferenciándose de las cadenas, para en cambio darles valor a los clásicos e incluso a los ejemplares usados, sin atarse netamente comercial. “No es fácil competir contra las cadenas, aunque sean virtuales, y tener su stock de novedades. Y ahora la situación es acuciante.”

Hacé click acá si querés leer una breve historia de La Luna y el Gato.

Ante la convocatoria, ya son varios los vecinos de Chajarí y alrededores que se han acercado para comprar libros, muchos de los cuales se encuentran compartidos en Facebook.

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BONO CONTRIBUCIÓN PARA SALVAR LA TIENDA. EL PREMIO ES DOBLE: UNA ORDEN DE COMPRA POR $1000 PESOS PARA EL GANADOR, Y UNA SEGUNDA ORDEN DE COMPRA TAMBIÉN POR $1000 PARA UNA ESCUELA QUE EL GANADOR ESCOJA A VOLUNTAD.

Además, la movida de los 500 libros está siendo acompañada por un sorteo a beneficio de la cruzada para salvar a la librería. Con fecha del 19 de noviembre, se sabe que se sortean dos órdenes de compra por $1000 cada una, de la cual una orden de compra será adjudicada por el ganador y la otra será adjudicada a una escuela que el ganador escoja a voluntad. Cada número tiene un valor de $50.

El dato
La Luna y el Gato, Tienda de Libros está ubicada en la planta alta de la Av. 9 de Julio al 3155. Abierta de 10 a 12.30 y de 17 a 21 hs.

25%
Los descuentos en la librería. Atractivo para atraer clientes.

$50
Todos los libros usados.

$50
El valor de la rifa.

Nueva fundación de la literatura en la Patagonia

El lector/Poblado de libros por

Patagonia literaria. Fundaciones, invenciones y emancipaciones de un espacio geopolítico y discursivo. Claudia Hammerschmidt (Ed.). INOLAS Publishers Ltd., Potsdam, 2016

Gracias a este libro me enteré que en 2014 se realizó en la ciudad alemana de Jena un coloquio con el mismo título del libro, en el que participaron investigadores del Centro Patagónico de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional del Comahue y de la Universidad Austral de Chile. Hay un sitio web también: www.patagonia.uni-jena.de donde se puede ver más del trabajo de esta “red temática sobre cambio transnacional, desigualdad social, intercambio intercultural y manifestaciones estéticas: el ejemplo de la Patagonia” .
Como se ve, son muchas las instituciones y los investigadores involucrados en esta obra que se propone leer la literatura “escrita en y desde la Patagonia”, considerada como “una literatura conscientemente híbrida, multiétnica, transnacional, muchas veces intermedial y todavía casi no estudiada internacionalmente” y abordándola –como es obvio por el título de la colección- desde la tradición teórica de los estudios culturales: Edward Saíd, Homi Bhaba, el Viñas de Indios, ejército y fronteras, etc. Como también se puede presumir fácilmente no ya por la tapa, pero por una ligera indagación en la bibliografía, el libro reitera la estrategia de la Historia de la Patagonia de Susana Bandieri, compilación y síntesis de una considerable cantidad de textos historiográficos escritos principal y mayoritariamente por académicos de aquella región. Como hay que escribir en las monografías, escribiría aquí que quizás no sea demasiado arriesgado afirmar que Bandieri et. al. son a esta Patagonia literaria lo que Mitre fue para aquel Ensayo filosófico sobre la evolución de la cultura en el plata. Parece que la filosofía y la historia preparan el terreno en relación al cual, la crítica mide las obras para intentar pensar sus sentidos (los de las obras de ficción y los de la crítica).
Los estudios del libro se ocupan principalmente de la literatura escrita desde fines de la década de 1970, cuando –según indica Hammerschmidt en la introducción- “en la Patagonia comienza a gestarse una generación de escritores que intenta emanciparse del discurso ajeno y exige el derecho de hablar en nombre propio de la zona que habita. En el marco de las resistencias organizadas contra las dictaduras militares de Chile y Argentina, en la Patagonia se constituyen talleres literarios que reivindican una representación sin la violencia de la mirada hegemónica”.
Son diez estudios de nivel un tanto desparejo. Los tres primeros, agrupados bajo el título “La literatura patagónica transfronteriza” se ocupan de obras y autores de épocas y géneros diversos. Laura Pollastri (que dirige junto a Gabriela Espinosa un proyecto de investigación de la UNCo titulado “Espacio, palabra y escritura en la literatura actual del sur de Chile y Argentina”), se ocupa en su estudio (“Literatura en el sur del mundo: Patagonia y escritura”) de obras de Liliana Ancalao, Héctor Kalamicoy y Juan Carlos Moisés. Pollastri incluye a estos autores en una serie que se inicia con Voz del desierto, de Eduardo Talero, libro de 1907 en el que Pollastri encuentra “la escena fundante del origen de la literatura moderna en Neuquén”. Se trata de una escena en la que Bouquet Roldán aparece trazando el mapa de lo que sería después la ciudad, apoyando el papel en “un cajón de municiones máuser”. Talero se acerca y le pregunta si está escribiendo un poema. “Ni más ni menos- replicó con viveza; pero poema moderno, no de palabras dulces, sino de piedra y hierro”, le responde Bouquet Roldán.
El estudio siguiente es el de Gabriela Espinosa y –por su evidente carácter introductorio- no se entiende por qué no está en primer lugar. Espinosa define allí -apoyándose en trabajos de Bandieri- a la Patagonia como un área cultural que trasciende los límites de los estados nacionales argentino y chileno. Retomando investigaciones coordinadas por Ana Pizarro, Espinosa plantea además que el caso del sur argentino y el chileno reclaman el estudio unificado de su cultura, de manera análoga a las literaturas del Caribe y la Amazonia, de las que se ocupa Pizarro en trabajos de la década de 1980.
El trabajo que sigue es de Silvia Mellado y se propone dar cuenta de la diversidad textual y el carácter dialógico de la literatura del sur, entendida como un dispositivo colectivo y político de enunciación que “muestra una comunidad potencial, necesariamente opuesta al patagonismo o a los relatos de otredad en cuya base se encuentran los proyectos occidentales coloniales”. Mellado analiza en su estudio obras de autores como Ancalao, Adriana Paredes Pinda, Juan Paulo Huirimilla e Ivonne Coñuecar, entre otros. La sección se completa con un estudio de Hammerschmidt sobre la novela Fuegia de Belgrano Rawson y el largometraje El viento se llevó lo qué, de Agresti. En las demás secciones del libro hay –entre otros- un trabajo acerca del Eisteddfod, el certamen poético de los galeses de Chubut, uno acerca de las culturas Selknam, Yamanas y Qwashqar. El último estudio del libro está dedicado a la poesía visual de No Vasquez, un poeta chileno casi desconocido.

                                                                                                      II

No hay que sorprenderse ni decepcionarse porque los estudios de este volumen recurran a una proliferación de terminologías tomadas de autores (como Edward Said, Ángel Rama y Deleuze/Guattari, por ejemplo) y tradiciones teóricas que a pesar de sus similitudes no suelen ocuparse del mismo objeto ni comparten exactamente sus objetivos. Conviene también aceptar esa escritura adaptada (aunque no tanto aquí como en otros casos) a los modales de la investigación universitaria actual, o algunos estudios cuya redacción es bastante torpe y sus análisis algo antojadizos o forzados.
Como siempre pasa con estos textos, solo el lector que venza el tedio que pueden provocar esos modales podrá aprovechar los datos y el conocimiento que pueden ofrecer quienes tienen la oportunidad de hacerse un lugar en las universidades, para que les paguen por consultar bibliotecas y escribir estudios (“producir conocimiento” como le dicen, agregándole a veces el adjetivo “crítico”). Aquellos que algo llegamos a leer de la literatura escrita en la Patagonia, encontramos en los estudios de este volumen una gran ayuda para saber qué más leer y algunas conceptos o sugerencias para elaborar lecturas propias. Por ejemplo, además de lo que ya señalamos, es interesante la relación que encuentra Laura Pollastri entre los diferentes modos en que la literatura piensa el espacio patagónico y cómo lo hace el capitalismo en sus empresas explotadoras, valiéndose de los mitos de los pueblos originarios para pluscualificar sus mercancías o -en el idioma del marketing- “agregar valor a la marca”. Pollastri rastrea cómo aparece el agua en los poemas patagónicos, y confronta esa serie con la publicidad de empresas que se dedican a cosechar las aguas de los glaciares de Chile para que algún forro se de el gusto de tomar agua de hace millones de años y unos pocos se llenen los bolsillos.
Pero aún más interesante es el lugar del intelectual patagónico que llega a percibirse en el estudio de Pollastri. Desde el principio su estudio discute con las versiones exotistas de la Patagonia (lo que –reciclando el concepto de orientalismo de Said- ella denomina patagonismo o patagonialismo) que se siguen reproduciendo. Sin embargo, sobre el final la doctora Pollastri escribe: “muchas veces cuando hablo de Patagonia frente a sus mismos habitantes veo la mirada de escepticismo, el desdén de quien considera que se le está exagerando o deformando la realidad”. Creo que esa escena es “sumamente significativa”, como se dice en las monografías. ¿Significará que justamente a quien se propone discutir y superar las versiones exotistas de la Patagonia también se la considera como alguien que reproduce una “mirada hegemónica”, un “discurso ajeno”? O bien: ¿ese desdén y ese escepticismo no responden más bien al saber letrado, universitario, al que –no obstante su ánimo crítico y heterodoxo, que no ponemos en duda- Pollastri no deja de pertenecer? Me lo pregunto esto último porque Pollastri no se refiere a otros investigadores o a las miradas de los siempre tan numerosos asistentes a los coloquios de Jena o Neuquén capital, sino que habla de la mirada de los “habitantes”, así a secas.
¿O será lo contrario? ¿Será que Pollastri (y Bandieri, Viñas, Rama, Said, etc.) hablan de algo que no pueden comprender quienes (por ejemplo, muchos habitantes de la Patagonia) se asumen como “argentinos” o “chilenos”, es decir como ciudadanos de un “país” en el que se confunden las nociones de cultura, nación, territorio y Estado?
Pollastri asume en ese fragmento final de su estudio un nosotros que no es una simple primera persona mayestática. Dramatiza su situación, su lugar de enunciación, y está pidiendo que la escuchen, sin desdén, que le crean, sin escepticismo. Esa dramatización es cuestionable y arriesgada, indudablemente, pero entre el falso desencanto y el amargo cinismo que se encuentra hoy tan seguido, resulta estimulante encontrar que alguien asume el riesgo de creer que la literatura y la crítica literaria pueden ser alimento de una comprensión crítica de la realidad y la historia.

Los Nombres de la Luna Llena

Si bien en la aburrida práctica moderna se deben asignar los nombres de las lunas llenas según el calendario gregoriano, es decir, en el mes en que cae la luna llena (por ejemplo: luna llena de marzo, luna llena de septiembre, luna llena de agosto, etc.), se sabe que tanto los ingleses, los amerindios y los hindúes llamaban a cada luna llena de acuerdo a sus costumbres y saberes, dado que tenían un conocimiento mucho más profundo y certero acerca de la influencia lunar en nuestras vidas.
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Esta noche 18 de Agosto: Luna del Esturión

Cada luna llena tiene su nombre. La de esta noche se llama Luna del Esturión o Luna Roja. Se dice que las tribus de pescadores de América del Norte llamaban a la luna llena de agosto la luna del esturión, un pez de gran tamaño de los grandes lagos y ríos, porque esta especie era muy abundante durante este mes y por tanto era más fácil de atrapar durante este mes. La luna llena o plenilunio de agosto tiene otros nombres: se le llama luna del grano o del maíz verde, luna del relámpago, luna del perro y luna roja, por el color rojizo que a veces adopta con la calima de verano.

En este momento nuestro planeta se encuentra situado exactamente entre el Sol y la Luna. El ángulo de elongación —lo que llamamos “fase”— de nuestra amada luna es, en este preciso momento, de 0º (cero grados); y la iluminación es del 100%. Esta noche está sucediendo el plenilunio de Agosto, es decir, la luna llena. Seguí leyendo

De escuelas “laicas” y otras yerbas

Muchas veces se escucha decir que la Escuela debería ser laica, lo cual implicaría que esta institución debería ser independiente de toda confesión religiosa. Ahora bien, hay muchos mitos y confusiones al respecto, presupuestos falsos que van quedando en el camino y otros que se incrustan en el tan discutible sentido común. Desde 1884 con la tan aclamada ley 1420 empiezan las confusiones, ésta no proclama que la educación en las escuelas publicas debe ser laica como infinidad de veces escuchamos decir de bocas de nuestros profesores, el artículo 8 de la misma es muy claro: “La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su respectiva comunión y antes o después de la hora de clase.” La habilitación para la enseñanza religiosa en las escuelas es clara, pero también específica: nunca debería darse en el horario escolar. Seguí leyendo

Poesía y Etnografía

Justo ahí me fui a encontrar con Tejido con lana cruda, de Liliana Ancalao. Justo ahí, donde hay una canoa de los selk nam y fotos en tamaño natural de esos hombres desnudos pintados a rayas blancas y negras. Justo ahí, donde hay una foto de Aimé Painé con Nicacio Antinao y Honorio Calfuqueo; en la misma vitrina donde hay una foto de Celestino Aigo, y muy cerca de la sala donde están las fotos de la Aldea India, una “Exhibición de indios” que tenía lugar en el predio de la Sociedad Rural. Seguí leyendo

¿Dónde estás, María?

Poesía por

Te vieron caminando en la autopista
y la niebla te atrapó… fue capaz de evaporarte?
María… nadie pudo ver el rostro del espanto
que te atrapó en sus garras.
Y dónde está la sombra de tus pasos
el gesto de tus manos
al quedarse detenida
en tu mejilla?
Dónde está el susurro de la palabra
no dicha… sólo el aire de tu aliento
o el aliento cristal en la ventana
de alguien que miraba solitario
y no sabía. No sabía de vos María…
Que pasó entre esas fugas del misterio
quién llegó antes de la cita y usurpó
tu aliento que iba puro.
De quién las garras del cobarde?
Puede quebrar las piedras pesadas
del silencio
las alas de esa voz?

Un partido más

Autores/Ficción por

Dale juguemos un partido más, te prometo que te dejo hacer “esa de más” sin decirte nada, que gambetees hasta que te la quiten. No pienso ni abrir la boca si te veo que elegís patear al arco cuando yo vengo corriendo desde abajo y quedó solo. Salgo por vos en el segundo tiempo, tranquilo, jugate todo el partido, y si te queres quedar de chupamate, no vuelvas, yo te cubro. Te lo digo enserio, lo único que tenes que hacer es jugar un partido más… prometo por lo que más quieras dejarte cada tiro libre a vos, hasta me podes usar para amagar y dejarme pagando.

Mira lo que te digo si hago una jugada espectacular y me cometen penal, lo patees vos. Calladito me hago a un lado, para que le des con tu botín y la pongas contra la red. Si lo erras no pasa nada, son cosas que suceden… está bien, a veces se gana y a veces se pierde, lo entendiste siempre eso vos. Yo pensé que también, pero perderte y no volverte a ver en una cancha me suena extraño, no lo comprendo. Nunca fuiste el mejor, ni cerca del ser mejor, sin embargo cuando pisabas el césped no importa qué partido sea ibas a darlo todo por destacarte.

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VACA-CIONES

Autores/Ficción por

El cielo era celeste, temperatura no había, el pasto verde y un campo amplio, como si estuviera dentro de un almanaque. La vaca masticaba un fardo y me miraba con cara de tonta, movía el hocico de un lado a otro. La toqué, la acaricie un poco, apoyé mi cabeza en su frente y le agarré los cachetes como si fueran masa de pan. Le dije que su cuero marrón y blanco era hermoso y que perdone por tantos homicidios a su especie, (no me animé a comentar de su rica carne y darle las gracias por el Tango Adidas N°5). La tomé aún más fuerte de sus quijadas y sin despegar mi frente de la suya le dije: “Hoy te convertís en héroe, hoy vas a escapar por algún lado de este campo, tenés que vivir la vida”, elevando mi tono de voz terminé por gritarle, “vos no sos cuero de nadie”.

La solté de golpe, y la miré a los ojos. Ella siguió masticando y mirándome con la misma cara, como si no hubiera entendido lo que le dije. Caminó, se echó, la muy vaga, tiró un suspiro con mocos y pestañeó lento. Claro, ¿cómo me va hablar la vaca? Me hizo ojitos para decirme que realmente la situación de las vacas es dolorosa y preocupante y, ahora entiendo, se echó para meditar en lo que había escuchado.

La Vaquita
«Las vacas son belleza nene.»

Me apura la bocina del costado de la ruta, es mi novia para que sigamos viaje, me voy corriendo y mirándola hacia atrás le dije que no se olvide de mis palabras, que huya de ese campo.

A la vuelta de mis vacaciones iba reconociendo el lugar y supe que me acercaba al campo de la vaquita, pasé muy lento, tan lento que me detuve. Crucé la ruta caminando, miré de un lado a otro, y no estaba. Cuando estaba por volver para subir al auto, vi que se acercaba un caballo negro con un tranco rápido hasta el alambrado. Corrí hasta quedar muy cerca de él. Lo miré fijo, le pregunté si vaquita alcanzó a escapar, rápidamente se paró en dos patas y relinchó tres veces. Estaba muy contento con la fuga de vaquita, me golpeé dos veces con el puño del lado del corazón y le dediqué este triunfo. Le dije: barrilete cósmico, ayudá al resto. Las vacas son belleza nene.

¿Una Generación Autoexprimida?

Parece que ahora el trabajo de los poetas consiste en publicar plaquetitas y libros finitos de circulación restringida durante algunas décadas, hasta que Adriana Hidalgo o alguna editorial saca un libro gordo, con todos los poemas y un estudio elogioso. Aunque probablemente siempre haya sido así. Así fue con Juan Laurentino Ortiz, por ejemplo. Las transformaciones de la literatura impulsadas por la consolidación de la industria cultural, de las que hablaba Rama en “El boom en perspectiva” ¿no afectaron más a la novela y los novelistas que a la literatura escrita en verso?

Mientras para la mayoría de los lectores de poesía porteños el poeta más importante es Vicente Luy (la otra noche yo cantaba aquello de “Pablo de Rokha es bueno, pero Vicente…” y un joven poeta acotó: “qué grande, Vicente Luy”…) y Nulú Bonsai por suerte además de editar la poesía reunida de Osvaldo Vigna o algo así, también editó la obra de Ioshua (yo no me la pude comprar todavía), mientras muchos de los poetas de los 90 (Cucurto, Casas, Pavón, Desiderio, Mariasch) dejaron de reunirse en antologías de poesía joven y sacaron sus libros gordos de poesía “reunida”, Daniel Durand publicó un libro finito y de cuentos. ¿Cuentos? ¿No será que dejó de apretar enter y le dio backspace a algunos poemas que tratan de lo que su ex posteó en Facebook ese día? No. Se trata de Daniel Durand. Aunque hay un cuento narrado en forma de dialógo a través de un chat de Messenger o Facebook, y uno de los cuentos (“Cola de alpargata”) ya había salido en El Estado y él se amaron (de 2006), aunque los cuentos son autobiográficos o se presentan de esa manera y el protagonista de varios cuentos comparte algunos rasgos de la biografía conocida del autor, aunque tenga muchos rasgos en común con su época (los últimos 25 años, digamos) Durand es otra cosa.

[C]omo un Malboro: son diez cuentos y un “Anexo”, en el que leemos: “Tengo cuarenta años y ya me he autoexprimido en mi totalidad” ¿Habrá que leer esa oración como un indicio o una confesión de agotamiento o impotencia?
El primer cuento, titulado “Las pollitas” es quizás el más preciso en la técnica del cuento breve. Creo que fue Quiroga el que dijo que el cuento, como el soneto, se empieza a escribir por el final. “El cuento gana por nocaut”: dos o tres golpes para llegar al clímax, y a otra cosa. En “Las pollitas”, se refuerza el clímax mediante el recurso de poner el final justo al principio.

Tapa del libro
«Ruta de la inversión» de Daniel Durand

La temática “reventada” de muchos textos de Durand puede hacer que algunos textos parezcan descuidados o escritos “a la que te tiraste”, pero el cuidado en la elaboración técnica –siempre innovadora- es tan notable en este libro como en los anteriores de Durand, que encaran siempre formas, tonos y técnicas nuevas. Que se ponen a prueba y no se conforman con el camino de “muchos poetas que descubren su afinidad lírica con, por ejemplo, Williams, y entonces se dedican a escribir versitos objetivistas a la manera williamsiana” (son frases de un prólogo de Durand a Zelarayán). Hay muchos poemas memorables, que ya son clásicos, en la obra de Durand. El más conocido está en Ruta de la inversión (Gog y Magog, 2008, pero el poema era conocido de antes, si no me equivoco) se titula “Luz y oscuridad”:

“Llego, entro, prendo la luz de la cocina
y sorprendo a las hormigas coloradas
puliendo los platos y cargando
todos los restos de comida.
No me molestan, pero mentalmente
las advierto sobre la superpoblación:
hasta ahora el ecosistema se mantiene.
Sin embargo, si consigo trabajo,
comeré más, vendrán amigos y mujeres,
habrá más restos, ustedes crecerán
y tendré que echar insecticida.
Sólo esta pobreza puede mantenernos
delicadamente unidos.”

Es una respuesta y un complemento perfecto a otro famoso poema, pero de Casas, que me parece que se titula “Sin llaves y a oscuras”.

Tapa del libro
«El cielo de Boedo» de Daniel Durand

Está también ese librito pequeño y perfecto llamado El cielo de Boedo (Gog y Magog, 2004) donde -además de la serie que lleva el mismo título que el libro- están los geniales “guiones de poemas”, nueve verdaderos anti-poemas de amor. Acerca de la poesía de Durand escribió uno de sus mejores ensayos Damián Selci, antes de hacer “el paso hegeliano hacia la sociedad civil” y dedicarse a escribir sobre cómo la construcción política de las unidades básicas se puso al servicio de la derrota de Scioli.

[V]olviendo a Como un Malboro, hay cierta desobediencia a las buenas costumbres a nivel temático que quizás vaya junto con un cuestionamiento de las maneras de pensar más ampliamente diseminadas entre la gente progre y letrada. Le di a leer “Las pollitas” a una amiga feminista, verdaderamente feminista, pero además muy influenciada por cierto “feminismo” de meme de Facebook. Lo leyó en silencio, de una sola vez. Cuando terminó de leerlo sólo pudo responder a mis comentarios con una mirada de asombro. Quedó nocáut.

Foto del poeta Daniel Durand
El poeta Daniel Durand

La mayoría de los cuentos narran las aventuras o desventuras sexuales de un varón heterosexual. Desventuras de un bohemio, con su soltería, sus resentimientos, su deliberado “fracaso” en la carrera académica (ver al respecto el “Anexo I”) y su intacto compromiso con la escritura como continuación del rechazo a las maneras dominantes de darle forma de “carrera” a una vida que se derrama en forma de leche sobre las baldosas, o nubes en el cielo de un barrio al sur de la ciudad.

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