VACA-CIONES

El cielo era celeste, temperatura no había, el pasto verde y un campo amplio, como si estuviera dentro de un almanaque. La vaca masticaba un fardo y me miraba con cara de tonta, movía el hocico de un lado a otro. La toqué, la acaricie un poco, apoyé mi cabeza en su frente y le agarré los cachetes como si fueran masa de pan. Le dije que su cuero marrón y blanco era hermoso y que perdone por tantos homicidios a su especie, (no me animé a comentar de su rica carne y darle las gracias por el Tango Adidas N°5). La tomé aún más fuerte de sus quijadas y sin despegar mi frente de la suya le dije: “Hoy te convertís en héroe, hoy vas a escapar por algún lado de este campo, tenés que vivir la vida”, elevando mi tono de voz terminé por gritarle, “vos no sos cuero de nadie”.