Los libros de la biblioteca perdida

Libros perdidos

Castillo de Bouillon con la ciudad al fondo. Johan Bakker
Castillo de Bouillon con la ciudad al fondo. Johan Bakker

Cerca del río Semois y de la frontera con Francia hay un municipio belga llamado Bouillon. Allí se encuentra el imponente Castillo de Bouillon, el ejemplo más antiguo de arquitectura feudal en Bélgica. Allí tuvo que viajar, desde Bruselas, Henri Godts, un renombrado librero anticuario, nieto de otro gran librero de Amberes. Una familia de aquél pequeño poblado le pidió encontrarse con él a los pies del castillo. El motivo era dar a descubrir un tesoro familiar: una gran biblioteca de libros perdidos que habría estado oculta los últimos dos siglos.

Un amante de los libros

La biblioteca perteneció a un aristócrata francés que llegó a Bélgica huyendo de la Revolución. En su huida y su recorrido se esmeró en proteger parte de su equipaje. Parecía extraño defendiendo u ocultando unos grandes cofres y maletas. Quienes lo veían creían que llevaba allí parte de su fortuna en gemas y joyas. Pero no era así. Lo que resguardaba eran 182 libros raros de su colección privada.

¿Un tesoro invaluable?

Pues no. Lo cierto es que este tesoro tiene su valor bien definido. Por ejemplo, uno sólo de sus tomos está tasado entre 40.000 y 45.000 euros. Se trata de un atlas. Un Abraham Ortelius. Conocido como el “Ptolomeo del siglo XVI”, fue el padre de la cartografía flamenca junto con Gerardus Mercator. El libro descubierto ahora data de 1575 y es considerado el primer atlas moderno. Y como sólo se imprimieron un par de decenas de copias en su momento, lo convierte en una obra de excepcional valor histórico.

El atlas de Abraham Ortelius © Bereal
El atlas de Abraham Ortelius © Bereal

 

Ni lentos ni perezosos…

Los descendientes del intelectual francés decidieron poner la biblioteca a la venta. Por eso llamaron a Henri Godts e hicieron pública la historia detrás de aquellos libros. “Es extremadamente raro encontrar bibliotecas tan genuinas. Es como si hubiera sido catapultado al siglo XVIII en una máquina del tiempo. Los libros están perfectamente conservados y mantienen el papel original con el que fueron impresos”, explicó Godts al diario Le Vif. “La primera vez que abrí la puerta de la biblioteca me quedé muy sorprendido por la autenticidad y la atmósfera que prevaleció del siglo XVIII. Estuve dos días para poder hacer un inventario completo. Sostuve cada uno de estos libros entre mis manos, procediendo con cuidado para evitar dañarlos”.

La biblioteca, por dentro © Bereal
La biblioteca, por dentro © Bereal